Esfuerzo, peseverancia y disciplina

Updated: Apr 6


El ESFUERZO es enfrentar las dificultades con el ánimo de superarlas para conseguir metas. El esfuerzo supone la realización de una acción enérgica para conseguir algo. Está íntimamente relacionado con la perseverancia y la disciplina. El esfuerzo sirve para alcanzar nuestros objetivos. Nos lleva a poner en nuestras tareas ganas y empeño para conseguir nuestras metas venciendo las dificultades y los obstáculos del camino y llegar hasta el final orgullosos de nuestros logros. Por lo cual, antes de iniciar cualquier esfuerzo, es necesario un paso anterior: El marcarse objetivos. Nos esforzamos porque sabemos que el resultado de esta lucha será nuestra mejora personal o la de otras personas. La MOTIVACION es una de las claves más importantes cuando hablamos de esfuerzo: no se puede realizar un esfuerzo si no estamos motivados. El esfuerzo es una respuesta que acompaña al convencimiento de que la acción requerida “merece la pena”, que es lo mismo que decir que nos motiva para algo.

El esfuerzo supone tener confianza en nosotros mismos y en el futuro. La persona que no se esfuerza es probable que se deje llevar por caminos que no han sido elegidos por ella misma y que no tenga sensación de autorrealización. El esfuerzo no tiene sentido sin la perseverancia o la disciplina.


La PERSEVERANCIA es la capacidad para sostener ese esfuerzo durante un tiempo y no dejarnos llevar por nuestros cambios de humor o nuestros impulsos.


La DISCIPLINA es la capacidad que tienen las personas para enfocar el propio esfuerzo y conseguir un objetivo. Sirve para modelar nuestro carácter y prepararnos para conseguir la máxima eficiencia. Es hacer lo que haya que hacer cuando se tiene que hacer tengamos ganas o no.

El esfuerzo no es compatible con la impulsividad y la impaciencia. No controlar los impulsos. Dejarse llevar por lo que apetece en cada momento. El esfuerzo puede ser anulado por algunas formas extremas de perfeccionismo. El perfeccionismo es la creencia de que el trabajo realizado que no se ajusta a nuestros ideales no es válido. Aunque puede ser algo muy adaptativo y ayudarnos a implicarnos profundamente en la calidad y la valoración crítica de nuestro trabajo, llevado a sus extremos puede paralizar completamente a una persona, convirtiéndola en esclava de sus propios objetivos imposibles, pues la perfección no existe. Una persona excesivamente perfeccionista puede acarrear en su vida grandes problemas de autoestima y una sensación de permanente fracaso e inutilidad, ya que su gran ideal no le permite ver todas las destrezas y habilidades que posee. Otra forma negativa de perfeccionismo es la llamada procrastinación, que se traduce en la afirmación de “no empezaré a hacerlo porque todavía no sé la manera ideal de llevarlo a cabo”. El miedo al fracaso y los problemas de iniciativa caracterizan a estas personas cuyos esfuerzos son neutralizados porque ellas mismas no son capaces de valorarlos.


Una persona sabe esforzarse cuando: - Se marca metas. - Reparte las actividades que requieran esfuerzo y no deja todo el trabajo pendiente para realizarlo a última hora. - Planifica y prioriza el trabajo, y es capaz de ordenar las tareas en orden de dificultad y de importancia. - Posee afán de superación. Cuando muestra constantemente ganas de mejorar en lo que hace. - No se queja ante pequeños fracasos. - Acaba las tareas que empieza. - No deja que los cambios de humor afecten a la realización de las tareas que se ha propuesto. - No culpa a los demás de sus propios fracasos, ni atribuye sus éxitos a factores externos como “el azar”. - Tiene capacidad para el sacrificio. - Es responsable de sus actos.


Fuente de referencia: Escuelas de familia moderna para el desarrollo económico.

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